Los Diablos de Luzón me han trasladado a las diabladas Andinas, a Píllaro, a Saraguro o a las fiestas de las máscaras y aves de Tigua. Las Diabladas también son fiestas paganas que se mezclan con la mitología de los dioses y sus luchas eternas.



Por otro lado, en las diabladas, los humanos danzamos con los acordes de música con un sentido rítmico básico, con predominio de tres escalas. También nos ha llevado a recordar el viaje de Ayahuasca o Mezcal y recordar los laberintos del mundo Andino.
En la cultura europea, las eternas luchas de los dioses Griegos para adoctrinar a sus siervos, los humanos. Eso son las Diabladas.
En la filosofía de los pueblos andinos, las diabladas son la representación de los tres mundos, el de arriba o ALAJPACHA, el de abajo UKUPACHA, pero sobre todo el terrenal KAYPACHA, en una de las lenguas de nuestros ancestros andinos.
Guadalajara, la provincia de los carnavales
Los “Diablos de Luzón”, salen en las fiestas de carnaval, en un pueblo de la Castilla del Cid, en Luzón, provincia de Guadalajara, situada en un valle rodeado de montañas.
La fiesta es una tradición pre-cristiana, que se remonta al siglo XIV y que pretende expulsar los malos espíritus que iban en contra de la fertilidad de la aldea (la PACHAMAMA en el mundo andino).
Los diablos son aldeanos (UKUPACHA o mundo de abajo), que regresan al pueblo, para vestir con cuernos de toro, soportados sobre una almohada, largas túnicas negras, cencerros a la cintura, con su rostro, sus brazos y su cuello desnudos cubiertos con una mezcla de hollín y de aceite de oliva.
Ellos recorren el pueblo y juegan a asustar a la gente, tiznando de hollín sus rostros. Frente a los Diablos, están las Mascaritas, representantes del Bien (ALAJPACHA o el cielo). Son personajes vestidos con máscaras blancas y trajes largos y coloridos, silenciosos, indefinidos, son hombres o mujeres, que salen de sus casas, cuando los Diablos llegan.



